sábado, 29 de septiembre de 2012

Nubes de frío



Este invierno fue muy frío, y el aire se colaba por todas las rendijas, así que había que abrigarse mucho. Casi a orillas del mar, en una cabaña a medio terminar, después de tener mi música latente por más de 5 años, algo comenzó a despertar.

Ese día había subido un cover del tema Cerca del Mar, de Neoh 23 que hicimos con Rayo en el 2005, y afortunadamente inmediatamente lo escuchó Willy, el cantante. Me escribió diciendo que le había encantado la canción y que muchas veces se había imaginado una versión muy parecida a la que habíamos hecho. 
Me quedé súper contenta y entré en un estado especial, donde el tiempo dejó de existir y pude sumergirme en una música que me rondaba desde hacía años, cuando vivía en la costa de Galicia.

En mi querido y nostálgico arpegio (mi única creación musical en años) comenzó a deslizarse una melodía que enseguida se llenó de palabras,  que sólo contaban lo que internamente me hallaba viviendo en ese momento. 
Grabé lo que había salido en el mp3, cantando bajito para no despertar a nadie. Era mi segunda canción de ese invierno luego de tanto tiempo. Y allí se quedó, durmiendo un par de meses más, hasta que se pasara el frío. 

Mientras tanto, los hilos se fueron tejiendo en redes mágicas y amigables que en vez de atraparme me sostenían e impulsaban, como las que hay debajo de los trapecios... ahhh, los trapecios...
En uno de esos saltos de acrobacia cósmica me encontré con Tlacactoc, o más bien lo descubrí luego de estar un año contactados en el facebook. ¿Qué querría decir su nombre? La curiosidad me llevó a enterarme de que también era músico, aunque él aún no lo supiera del todo, y se me pasó la loca idea de que podríamos hacer algo juntos. 

No diré que me encantó lo primero que escuché de mi amigo (Tlacactoc=vacío), más bien me rompió un poco los esquemas y eso me gustó. Le hice la propuesta, mientras nos íbamos encontrando, o reencontrando,  como antiguos cómplices que tienen que ponerse al día. 

Tenía instalado el Cubase, y la tarjeta de sonido, sólo me faltaba conectar el micro y que funcionaran los cables. Ese día mi amigo estaba conectado, y mientras yo grababa la canción,  iba compartiendo con él mi aventura, desde tantos miles de kilómetros él me estaba apoyando y acompañando. Y así como salió se lo entregué,  para que hiciera lo que quisiera... porque sabía que era alguien a quien podía confiar mis tesoros.

También a él le llevó poco tiempo hacer de mis dos pistas desnudas una verdadera canción. Pactamos decirnos todo lo que no nos gustara, para hacer las cosas de forma fluida y pura. 

Hasta ahora no deja de fascinarme lo que hicimos, él le dio la magia y el brillo a mi hechizo, y me llevó a volver a sentir el placer de hacer arte con otra persona. No sabemos como seguirá esto, a lo que llamamos Velvet Dream, pero ambos disfrutamos de ese misterio... 


No hay comentarios: